Madrid: Dentro Afuera


Madrid empieza lejos, recorta el cielo, 


se enterra suelo asciende,

busca aire al cacareo, las suelas,
caminantes escaleras de aceras.



Madrid oscurece con su ansia de cielo
Nunca es completa. 

Nace de magias de día, tarde más abajo,
donde las raíces y las ruedas.

Mjölk

Vídeo realizado como ejercicio para el máster de Documental y Reportaje Transmedia de la UC3M el 1 de noviembre de 2015.

Mánchester: antes y después

The Mill

Ya hace mucho tiempo que, gracias a la televisión, los folletos de papel cuché de las agencias de viajes y los relatos de otros viajeros (más blogueros de viajes que casi legendarios Marco Polos), es difícil encontrar un lugar al que ir sin imágenes preconcebidas que a menudo van más allá de lo meramente visual. Antes de visitar un paraje, ya creemos saber cómo se comportan sus habitantes y, por tanto, qué esperar de ellos; si su gastronomía es buena, si su acento, comprensible, y si sus ciudades, limpias y ordenadas. No es solo que ya no nos sorprenda descubrir las características del lugar cuando lo alcanzamos, sino que (in)conscientemente buscamos y nos fijamos en aquellas que confirman nuestra idea previa, desechando con demasiada frecuencia las que no coinciden o reduciéndolas a meras anécdotas o excepciones dentro de un grupo restringido por nuestras propias mentes: ese italiano que no habla alto ni gesticula como cabría esperar de alguien de su nacionalidad, aquella anciana inglesa que no solo no se limitó a hacer un educado e insulso comentario sobre el tiempo (sorprendentemente bueno para Bristol en abril, por cierto), sino que arremetió sin pudor alguno contra aquella otra maleducada (¡y yo que pensaba que en el Reino Unido todo el mundo recibía clases de protocolo…!) que había intentado colarse en la fila.

A través de las experiencias y visiones repetidas y regurgitadas sin digestión mental puede crearse una pátina de prejuicios que filtra la experiencia única y real de nuestro viaje.

En El Viajero Entusiasta hace mucho que queremos intentar hacer saltar por los aires los filtros que nublan nuestro juicio y anulan nuestra capacidad para la sorpresa casi infantil de descubrir algo nuevo. Esta vez lo vamos a intentar con un antes y después que lleva tiempo rondándonos por la mente y el teclado. Para hacerlo más fácil, será en una estancia larga, tanto que apenas cuenta como viaje, y que me permita a mí, Qahua, salir del camino trillado y tener tiempo de acostumbrarme a la nueva realidad que se oculta tras los recorridos turísticos habituales.

En unos días parto hacia Mánchester para pasar mi temporada más larga en ese exilio voluntario y esclarecedor llamado, con sorprendente exactitud para un sintagma tan corto, «estudiar fuera». Fuera de casa, del país, de los usos y costumbres que uno conoce y, tal vez, aprecia, fuera de su zona de confort y, en cierta medida, fuera de uno mismo y de quien uno ha sido en su día a día habitual, en la red de relaciones que ha tejido hasta el momento de irse «fuera».

Mánchester: el antes

¿Cómo es esa ciudad a la que me mudo? Por desgracia para los fines de este ejercicio, no se suele elegir lugar de residencia y estudio sin investigar al menos un poco a los candidatos, así que mi mente no está ya tan llena de tópicos y concepciones previas como podría. Pero digamos que sí lo está, que no he visto los canales con sus barcazas ni he oído hablar de la vida cultural, musical sobre todo, que me espera cuando vaya. ¿Qué me quedaría, si además no hubiese vivido antes en el Reino Unido, no hubiese visto nunca la BBC ni amase como amo la literatura británica? Casi me avergüenza decir que lo primero que me viene a la mente son los hooligans. El Manchester United, el Manchester City, aunque nunca me haya interesado el fútbol, pero ¡su omnipresencia es digna de admiración! ¿Una rivalidad con el Liverpool? A tanto no llegan mis conocimientos residuales pero, pienso, mejor no andar cerca del estadio cuando haya partido. Asociación inmediata: cerveza. Pintas y pintas, gente desinhibida y envalentonada ya en la tercera. ¿Peleas, tal vez?

Después del fútbol, la industrialización y el vago recuerdo de estudiar la Spinning Jenny como gran avance tecnológico. Norte y Sur, de Elizabeth Gaskell, las nubes de ceniza negra tapando la luz del sol y las nubes de algodón deshilachado atacando los pulmones de los trabajadores de los talleres. Miseria. Fue hace ciento cincuenta años, pero es el Mánchester que conozco de momento. Seguro que ya no hay fábricas en la ciudad, me digo. La desindustrialización no habrá sido una transformación fugaz y emocionante como la industrialización, pero seguro que elevó el nivel de bienestar de los ciudadanos. Sin embargo, quedarán los residuos y los recuerdos, viejos edificios de ladrillo rojo. Quiero creer que seguirán cubiertos de hollín y huellas de humo oscuro, pero ni yo misma me lo creo. Fábricas con tejados picudos, en sierra, como en los dibujos animados. Muchos trabajadores físicos en una ciudad aún obrera.

Una gastronomía que no destaca realmente en ningún aspecto, aunque me empeñe en defenderla de quienes la atacan con los tópicos del fish & chips y la comida basura. Un acento del norte, duro y cerrado, indescifrable para los que aprendieron inglés en ese mundo estandarizado y facilón de los métodos de idiomas del sistema educativo español. Hay quien lo llamaría atroz, aunque a mí me seduce como recuerdo, novedad y reto.

Y, por supuesto, el tópico que debe mencionar todo el que escriba sobre Inglaterra: la lluvia. Días… qué digo días, semanas y meses de cielos encapotados. Este sí me lo creo. Los tópicos no serían tópicos si no hubiese al menos un granito de verdad en ellos. No puedo negarlo, he leído las estadísticas: 151,7 días de lluvia al año… no es ni la mitad. No será para tanto.

¿Qué más? Una arquitectura insulsa y gris hormigón que se me asocia con los bloques comunistas de las barriadas de Varsovia, poblada de familias caóticas, con padres demasiado jóvenes para serlo y disfrutarlo. En el lado opuesto, filas de terraced houses elegantes, muy lejos de las anteriores. O no, no. Esa clase no cabe en mi Mánchester de prejuicios.

Por último, y soy incapaz de decir por qué, muchos punkis.

La continuación de este post, el Mánchester explorado y ya conocido, llegará a El Viajero Entusiasta el próximo verano.

Qahua

Imagen original bajo licencia Creative Commons: The Mill de Henry Hemming en Flickr.

Instantáneas: El santuario en la montaña de asfalto

 

Concéntrate, joven caminante acalorado, y mira: si te fijas bien, entre todo ese asfalto madrileño verás relucir el hospital de Maudes a la luz del sol tardío.

 

Imagen propia, tomada el 7 de septiembre de 2015 en la calle Raimundo Fernández Villaverde, Madrid.

Nôtre Dame de Reims, entre piedra y plomo

Nôtre Dame de Reims haute vue

«Ya ha pasado y no te has enterado de nada. Se han ido los días, se han ido las horas, se ha ido el mínimo cuento de tiempo que podíamos inventarnos», dice una chica de rasgos borrosos.

Me despierto. He dormido dos horas en un jardín francés, poseído por pequeños sueños intermitentes, ligeros, sueños de segundos de duración. Siento la cabeza avasallada por una enciclopedia de pequeñas historias inservibles. Miro al sol, un sol arrebatador que produce fantasías a los que duermen bajo él.
Me despejo, miro a mi alrededor: césped brillante, bancos llenos de gente, columpios. Observo fijamente el metal desnudo e inflamado de luz de los columpios y recuerdo la talla de Juana de Arco que vi hace unas horas en Nôtre Dame de Reims. El brillo denso, aun con poca luz, de su armadura, la humanidad de su rostro de marfil y el pecho de mármol pulido con flores de lis de lapislázuli. No se me va de la cabeza; decido ir a verla otra vez.

Jehaune au Sacre Nôtre Dame de Reims

Camino con prisa hacia Nôtre Dame desde la abadía de Saint Remi por bulevares amplios plagados de tiras de metal sobre las que se desplazan los tranvías. La catedral no sale de mi espacio de visión en ningún momento, destacada por encima del resto de edificios.
Entro por una puerta lateral y no tardo en encontrar la estatua de símbolos azules incrustados sobre mármol blanco, rostro fino, armadura y yelmo alzado. Juana de Arco tiene los ojos cerrados, gesto estricto y armónico, figura estilizada, las manos dentro de los guanteletes de hierro, estos posados uno encima de otro sobre la espada delgada que mantiene erguida, apoyada sobre la punta. La picazón de luz que pasa por la vidriera le da brillo y movimiento a la piel de mármol, que parece conmoverse.
La vista del turista feroz no se detiene en la figura sino en el panel explicativo que hay frente a la capilla dedicada. Acto seguido, ciega el mármol y sus propios ojos con un flash y continúa caminando leyendo carteles por la catedral. La capilla dedicada a Juana de Arco (quien asistió a la coronación de Carlos VII en esta catedral en 1429) es la más visitada: según las guías turísticas es algo importante a a la hora de ver lo que se debe ver en Reims. Sin embargo, la estatua que creó Prosper d’Epinay en 1902 basándose en el rostro de una religiosa orando encuentra poca contemplación más allá de la foto de rigor y la lista de deberes que lleva todo viajero a la fuga.

Palais de Tau Jehaune au Sacre wood

Ninguna guía cuenta que en el Palacio de Tau, entre estatuas gigantescas que pertenecieron a la catedral, tapices amplísimos y figuras de la realeza, hay una talla sentimental en madera pulida. Pretende ser una réplica de la Juana de Arco situada en la catedral, pero resulta algo totalmente distinto: es un soldado con la emoción retenida entre su casco y el resto de la armadura, a la altura de los pómulos. De la talla no hay postales y los libros no cuentan nada, pero si te detienes ante ella y examinas brillos y vetas, cada desliz de tu mirada te llevará a una nueva leyenda, la mayoría melancólicas, pero algunas alegres. Las ha recopilado durante años, interpretando las lenguas de todos los que pasaban cerca de ella al bajar por la escalinata de salida. Cuando abandonas el palacio de Tau casi puedes sentir a la talla de barniz empático lamentando tu marcha, la marcha de tu mirada hacia otros lugares más grandiosos, más llamativos. Para su desdicha, en Reims no son escasos, aunque todos vuelven la vista hacia su impresionante catedral.

Nôtre Dame Reims composición

Cabezas de bestias cortadas y con collares ascendiendo por la estructura de soporte de las torres, centauros arqueros preparados para ensartar a varias criaturas con su flecha, vidrieras con historias líquidas y brillantes, cincuenta metros de altura cubiertos con revisiones fantásticas de cada leyenda cristiana o pagana fruto de la imaginación de los canteros y arquitectos implicados en dar forma y desplazar las toneladas de piedra componen Nôtre Dame de Reims, la catedral en la que durante siglos se coronó a los reyes de Francia.
Las vidrieras y sus cloruros de plata recogen la historia fantástica y real que el plomo en lo alto de la catedral les cuenta: en la Primera Guerra Mundial, varios obuses cayeron sobre el edificio, iniciando un fuego en lo alto de las torres. Las vigas de madera extendieron las llamas hacia el transepto de la catedral, y a partir de él, ascendieron hacia el tejado, compuesto por láminas de plomo. Cada una de ellas tenía dos centímetros de grosor. El fuego licuó gran parte del metal, y el plomo fundido corrió por las canalizaciones de roca preparadas para evacuar el agua de la lluvia. Las gárgolas de Nôtre Dame de Reims tomaron el fuego metálico de la guerra aquél día y dejaron caer de sus bocas masas de plomo, soltando hilos de metal líquido sobre la catedral.
Pasada la Primera Guerra Mundial, un equipo de arquitectos dirigido por Henri Deneux se propuso restaurar la estructura dañada. Tomando como fuente de inspiración un tratado de carpintería del siglo XVI, el arquitecto diseñó una estructura de arcos que replicaba la antigua construcción en madera, utilizando para ello planchas y vigas de hormigón fabricadas específicamente para esta construcción.
Tras ascender los 250 escalones que permiten llegar a lo alto de la torre derecha, el acceso a la zona superior de la catedral, donde permanece la estructura de Deneux, se convierte en un viaje fantástico. Las vigas y arcos elevados al contraluz son una jungla estática. Una plataforma permite recorrer la zona de principio a fin, un puente bajo los árboles de hormigón que lleva hasta la bóveda de soportes entrecruzados, el nido y fortaleza final de la estructura. Una placa encima de la puerta de entrada agradece a Rockefeller la ayuda económica prestada, pero no hay ninguna muestra de agradecimiento a los prisioneros de guerra que fueron mano de obra en esta hazaña arquitectónica.

Composición Henri Deneux Nôtre Dame de Reims

La penumbra de la zona restaurada acompaña la bajada por la torre, uniéndose a tantas escaleras que una agorafobia indefinida se puede apropiar de cualquiera que pretenda encontrar el fin del camino de escalones rápidamente.
Al llegar abajo, ya cerca de la puerta, camino seguro de que Nôtre Dame de Reims permanece en las memorias de los que la han visitado con sus luces, mitos, plomo, sombras y gestos de marfil.

Cuando salgo de las tripas de la catedral a la luz del sol siento mis párpados pesados, como si hubiese pasado una noche sin dormir. Entonces recuerdo uno de los sueños en aquél parque francés: una noche en vela paseando por Reims. El azote del contraste luminoso me inyecta la duda: ¿cuándo he despertado?
Mientras me alejo camino de la calle más concurrida que veo, canto en mi interior Nuit Blanche de Renan Luce y me entran dudas sobre si en algún momento he dormido desde que ayer cayó la noche en Reims.

Nôtre Dame de Reims estructura Henri Deneux pareja 1 V4
Mjølk

Todas las fotografías son propias (excepto la foto de la gárgola llena de plomo: 1919 queda lejos). Fueron tomadas el 22 de mayo de 2015 en Reims.

Reims: Bulevares de neón

Nôtre Dame de Reims night stars

Nôtre Dame de Reims, 00:12

En Reims hay un lugar donde pueden verse las faldas de la noche, una réplica humana de la enormidad celeste al nivel del suelo. Pasada la medianoche, la mole de piedra blanca que destaca sobre la ciudad ha desaparecido: Nôtre Dame de Reims se ha movido a las tinieblas. Cubriendo la gran extensión de su plaza, asentada en la tierra y con sus torres rascando la noche, la catedral gótica toma forma de gigante tocando el cielo. La envergadura de su planta y su altura absorben los vestigios de luz de las calles periféricas y los apagan: la oscuridad parece absoluta hasta que los ojos se adaptan. Es entonces cuando puede verse su figura máxima recortada en blanco suave contra el cielo moteado de estrellas. Muy abajo, continuación de la sábana de estrellas, la congregación de piedra absorbe la imaginación. El Reims pasado empieza aquí, donde acaba la contaminación lumínica, alrededor de esta catedral donde aún podríamos pasear llevando candiles y pequeñas lámparas de hace siglos.

Rue de Vesle, Reims, 00: 29

Rue de Vesle, 00: 29

A unas calles de la plaza del planeta de piedra gótica, Reims titila entre la década de 1980 y el presente: al llegar a la plaza Drouet d’Erlon, los ochenta golpean la noche con luces de neón.
La música se escucha en los alrededores. Tubos de luz azules, rojos y verdes iluminan restaurantes, bares y hoteles. La gente se apiña en terrazas, balcones y puertas de discotecas. Los neónes reflejados en la ropa brillante logran formar figuras luminosas de caballeros y damas de otro tiempo caminando junto a las personas corpóreas. La pasión franco-belga por las luces de neón contribuye a formar ojos del pasado, y andando hasta la estación de tren se aparecen las vías del tranvía, vacías en apariencia pero cargadas de transportes etéreos con pasajeros creados por los reflejos del bulevar que queda atrás. Si te fijas bien verás en ellos las figuras de los caballeros de neón volviendo a la oscuridad.

Con tu vista ya hecha a la ciudad y tus piernas moviéndose sobre el pasado, llegar a la Gare Centrale para salir en tren de Reims es la única manera de volver realmente al presente.

Os recomendamos disfrutar del paseo por Reims bajo las luces de neón con este tema musical a un volumen elevadamente adecuado: 
Neon Knights (Black Sabbath)

Ernest hemingway Drouet d'Erlon

Guinness pub Drouet d'Erlon

“Bloodied angels,
fast descending,
m
oving on a never-bending light…”


ExcaliburAu Coteaux Pizzeria

Le Grand Café Drouet d'Erlon

“Captain’s at the helm, sail across the sea of lights!”


A Casa Mia PizzeriaLe mediterrané Drouet d'ErlonCafé Brasserie Martin

“Neon Knights! Neon Knights!
All right!”


Hotel BristolBar Le Saint Andre_1Le Bosphore

“Phantom figures free forever
Out of shadows, shining ever-bright!”


L Bee Bar Drouet d'ErlonLe Bistrot du Forum

“Nothing’s in the past, it always seems to come again
Again and again and again,

Neon Knights!”


Hotel Victoria Drouet d'Erlon

Mjølk

Imágenes propias, tomadas el 22 de mayo de 2015 en Reims, Francia.

Zoom Argentina: El Shincal de Quimivil, entre Londres y Belén

Entre Belén y Londres

Un ushnu, varias kallankas, qollkas y una aukaipata se encuentran entre Londres y Belén. ¿Podríais decir dónde exactamente? En El Viajero Entusiasta no acostumbramos a ofreceros retos, y menos de esta envergadura. Aunque nos gustaría recibir fotos y textos vuestros contándonos cómo fue la búsqueda de kallankas y qollkas en las cercanías de Tower Bridge, en el palacio de Westminster o cruzando la barrera de Cisjordania para entrar al portal de Belén, vamos a ser benevolentes y a explicaros un poco sobre qué estamos escribiendo.

Extraemos de Zoom Argentina algo de información necesaria que ofreceros para resolver este extraño caso de palabras incas perdidas a este lado del Atlántico:

«El Shincal cuenta con numerosas construcciones, muchas de las cuales son edificios de grandes dimensiones. Fueron construidas entre el año 1457 y 1536 y funcionó como capital provincial, aunque no fue la única del país.

[…]

Entre las construcciones típicas se encuentran el “Ushnu”, una especie de altar que se utilizaba en las ceremonias y rituales. También están las “Kallankas”, que funcionaron como viviendas comunales, refugios y fábricas textiles, los “Qollkas”, o lugares usados como almacenes, y la Plaza de Armas o “Aukaipata”.»

ruinas-de-el-shincal Como ya estaréis sospechando, podéis cambiar de lugar en el mapa, mover vuestra localización mental de algún lugar entre la picuda torre del Big Ben y la ruta de los reyes magos de Oriente y volar hacia América del Sur, Argentina. Es allí, en la provincia de Catamarca, al noroeste del país, donde están Londres y Belén.

Nombres reflejados a los dos lados del Atlántico, palabras incas por las cuales sumergirse en un pozo de novedades del lenguaje, y cuando aún no hemos despertado del asombro, llegamos a la parte más intrigante: entre las ciudades con nombres reflejos, Londres y Belén, se encuentra el Shincal de Quimivil, una antigua ciudad inca con una riqueza histórica y cultural inmensa.

Os damos varias recomendaciones: soñad con recorrer las tierras de los nombres diferentes, los emplazamientos antiguos y el encuentro con lugares que desafían nuestra visión europea de los nombres exclusivos de las ciudades a este lado del océano. Hacedlo durante un rato y, después, pulsad este enlace de Zoom Argentina. Os resolverá las preguntas que tengáis acerca del Shincal, su historia y actualidad.

Mapa ilustracion dibujo El Shincal Quimivil-Belen-Catamarca-Argentina

Mjølk

En Bruselas llueven frites

Maison Antoine, Place Jordan, Bruselas. Probablemente, el mejor lugar de Bélgica para comerse unas 'frites'.

Maison Antoine, Place Jourdan, Bruselas. Probablemente el mejor lugar de Bélgica para comer ‘frites’.

Patatas con forma de prisma rectangular, rellenas de sí mismas a cierto punto de fusión determinado por la fritura maestra de los cocineros. Los bordes crujientes, tostados, despiden sonidos chismosos al morderlas. Una tras otra, al paso por la boca, estas patatas se susurran entre sí los secretos sobre tu gusto culinario para comunicárselo a los últimos restos de sal en la mesa, que quedan allí como testimonio del paso de un nuevo comensal satisfecho. La sal caída de las frites de Maison Antoine contiene gula de millones de bocas del mundo.
Place Jourdan es un buen lugar por donde empezar a tomarse Bruselas una noche de verano en calma. Cuando pasa la noche, amanece, y nada es siquiera parecido a las horas vacías de luz natural.

Bruselas es una ciudad creída de sí misma. Tanto, que se supera cada vez que la visitas. Cada día que te levantas y abres la ventana para mirar a la calle, los caminos se obligan a cambiar de aspecto. Te ofrece una calle con luces de neón en días de lluvia, reflejos apagados de prismas de luz en agua caídos del cielo y horizonte en penumbra. Los días de sol se abren hacia los bosques inmensos, el Bois de la Cambre en el sur de la urbe, el parque de Laeken y Osseghem al norte, junto al Atomium.
Sus calles se ríen del sentido de la orientación de cualquiera: quiere ser un laberinto donde empapar minotauros, perros, gatos, niños y niñas meones de bronce, humanos. La ligereza de ánimo del clima de Bélgica nació en esta ciudad, comprando a cambio a los turistas con gofres, chocolate y olores dulces por las calles cercanas a la Grand Place, con librerías, rincones y refugios de ladrillo y mármol.

Grand Place, Bruselas.

Grand Place, Bruselas.

Bruselas te empapa, te llena según la ocasión de amor, ira, dulzura o voces, las últimas venidas desde corros de turistas, locales, curiosos o lugares. Son los lugares en Bruselas lo que buscan ser siempre: algo con voz, propios y autónomos, reflejos de las miradas de los que quieren soñar con una ciudad narradora de sí misma. Las gotas de agua que caen por las fachadas se cruzan con el contraste de la humedad reducida a líneas negras sobre los ladrillos antiguos y gastados: se crean líneas, motivos escritos en un lenguaje atractivo e indescifrable si sólo te quedas unos días contemplando su escritura. Bruselas se escribe a sí misma siempre un poco más, y el esfuerzo por recoger su historia se puede hacer por los ojos y por el gusto, por el tacto en la humedad siempre presente o gracias al paladar del oído, con los vientos entre callejas y raíles de tranvía.
Las tardes se aposentan en una cáscara recogida a la hora de comer moules frites. En ella se meten las posibles citas de artistas del lugar, las estatuas de bronce serias o graciosas, los edificios flamencos que amedrentan y abrazan al salir a algunas plazas que por momentos son amplias y en otros se estrechan, relegándote al suelo o sus esquinas para poder ver su belleza desde un lugar que no se mueva.

Restaurnte Le Tavern, en la rue des Bouchers, una zona donde comer 'moules frites'.

Restaurnte Le Tavern, en rue des Bouchers, una zona donde comer ‘moules frites’.

Bruselas vive como un gran centro urbano, pero es activa como las jornadas en un campo de cultivo, la lluvia regando, los adoquines formando canalizaciones, las farolas, lámparas y neones contraviniendo las órdenes del cielo.
Creadores y paseantes, escritores y ciudadanos equivalen en Bruselas, aunque no todos lo admitan.

Mjølk

Imágenes de Mjølk y Qahua, tomadas en Bruselas los días 1 y 3 de mayo de 2015. Fotografía de cabecera perteneciente al blog Tastes of Brussels.

De nuestra corresponsal en Jordania

Ammán (Jordania)

Teatro romano de Ammán

¿Cómo describir cuatro meses en un país como Jordania en un solo post? La verdad, no es posible. Pero lo que puedo hacer es compartir con vosotros los momentos más especiales que he vivido aquí para animaros a visitar este país lleno de belleza y sorpresas.

Si me hubieran preguntado el primer día que llegué aquí, no habría dicho que Jordania es un país lleno de belleza. Y es que Jordania no me recibió con los brazos abiertos. Cuando llegué al aeropuerto y me dirigí al centro de Amman, el taxista me dejó en medio de una calle muy caótica. Y cuando digo muy caótica me refiero a lo caótico del tráfico en un país árabe, a diferencia de uno europeo. Esta calle era, como la mayoría de las calles en Amman, de doble sentido y dividida en dos partes. Digamos que la calle tiene cuatro carriles: dos en el medio cercados con una valla para los coches rápidos, y uno a cada lado de éstos para los coches más lentos y que se encuentran al lado de las aceras. El taxista me dejó con dos maletas y una mochila enorme dentro de la parte cercada, así que no podía salir de esa carretera caótica y llena de coches. Tras un buen rato pegada a la valla para que los coches no me atropellaran, el dueño de una tienda que estaba al otro lado de la valla vino a ayudarme. Le di mis maletas y la mochila antes de ponerme a escalar la valla para pasar al otro lado. Bienvenida a Jordania.

Petra (Jordania)

As-Siq, Petra

Pero no todo es malo. Desde ese día, he descubierto muchas cosas buenas de Jordania. La universidad es, según tengo entendido, una de las universidades árabes menos caóticas. Los profesores llegan a clase a tiempo y el resto de estudiantes de la universidad normalmente son más puntuales que yo. En las clases nos dan el programa del semestre al principio del año y nos dan las notas una semana después del examen como muy tarde. Y, lo más importante, si hay algún problema, los profesores y el personal administrativo siempre están dispuestos a ayudarnos. Además, el campus de la universidad es grandísimo y muy bonito, con árboles, bancos, restaurantes y tiendas.

Además de la universidad, los lugares a los que estoy viajando forman parte de las experiencias más gratificantes de mi estancia aquí. He visitado la antigua ciudad de Petra, el desierto Wadi Rum, el Mar Muerto, etc. Para mí, ha sido una experiencia muy rara estar en la playa en medio de diciembre nadando y bronceándome al sol. En general el paisaje es seco y marrón, lo cual es muy raro para una austriaca que está acostumbrada a los bosques y las montañas verdes. Pero haber visitado estos lugares tan diferentes y especiales es una experiencia inolvidable.

No sólo he conocido la cultura jordana, sino también culturas de otros países. En nuestro edificio y en la universidad somos una mezcla multicolor de jordanos, palestinos, españoles, alemanes, franceses, rusos y más nacionalidades. Mis compañeras de piso son italianas. Ahora, quizás entiendo más italiano que árabe a pesar de que he estudiado árabe durante tres años y nunca he estudiado italiano. Pero el árabe es una lengua especial: la estudias y la estudias, y cuando finalmente entiendes un poco de Fusha (árabe clásico) te vienen con el dialecto, que es diferente en todos los países, ciudades y pueblos, y tienes que empezar de cero otra vez. Al mismo tiempo, el árabe es una lengua riquísima y hay muchísimas palabras y conceptos que no existen en alemán, inglés o español. La primera semana no sabía decir ni una sola palabra sin tener que pensarla durante cinco minutos, pero ahora puedo discutir con el taxista, pedir falafel y hablar con los estudiantes árabes. Así que poco a poco he mejorado bastante en la lengua árabe.

En general, y a pesar de algunos desafíos, estoy muy contenta de haber venido aquí y más contenta aún de poder quedarme seis meses más antes de volver a Austria.  Si os interesa, podéis ver algunas fotos en mi blog Kürbishummus que se traduce como: “hummus de calabaza”, una mezcla entre la comida jordana y la austriaca.

Mirjam

¡No miréis al cielo!

IMG_1515.JPG

Hay un refrán que dice: «Si el cielo es digno de mirar, tus ojos no lo deberán enfrentar».
Escrito por Cartelonio de Atenonia en el s. XXIII, es aplicable cuando llega la fecha de un eclipse de sol.
El 20 de marzo de 2015 vivimos uno de ellos. Las sombras de la mañana se suavizaban y conmovían ante la luz enrarecida. El cielo no se debía mirar, pero nuestra vista deseaba hacerlo más que nunca por curiosidad.
Por suerte, pudimos capturarlo con una cámara fotográfica. Y aquí os dejamos la secuencia.

Mjølk

Imágenes propias, tomadas el 20 de marzo de 2015 en Luxemburgo